jueves, 1 de marzo de 2007

El Club

Tu bandera a través de los años

No había verano ni invierno, ni frío ni calor. Era el barrio, la esquina, el Club Social y Deportivo… Era la gente y sus pertenencias. Ahí estaba la pelota. Y todo tenía que ver con descubrir el misterio entrañable amor por el fútbol. La amistad, la solidaridad, los códigos y los desafíos, crecer desde el respeto, sentir la presencia de crecer juntos y pensar en todos, no sé si por buenos o por códigos con valor de ley.

Ni correveidiles ni botones, ni materialistas ni miserables. El barrio tenia leyes propias, que no cumplirlas implicaba la sanción de no ser respetado. Ahí había gente de laburo, solidaria, abrazada al compromiso de alcanzar el respeto y defender desde la más sincera convicción la pertenencia; la identidad.

Cuando se lograba ese respeto entonces se podía disfrutar de la vida y era como sentirse seguro de que uno nunca iba a estar solo. Por esos lugares, precisamente, apareció un juego que, según dicen, unificó a once hombres que día a día se miraban de reojo pensando simplemente en jugar al fútbol.

Las calles arenosas hacían de escenario y piedras oportunas se disfrazaban de arcos para que los hermanos Iriart, Teiseira, Garraza, Cultri, Contardo y Stocchi, entre otros, jugaran al fútbol pensando en el futuro. Así fue que, el 19 de mayo de 1979, en la esquina de la calle 29 y 10, se decidieron a instituir un club que llamarían Defensores Unidos de Santa Teresita.

En los comienzos de la década del ’80, cuando los vuelos de la muerte bañaban la Costa Marítima con cadáveres torturados por el Gobierno de Facto, se iniciaron los torneos oficiales de la liga de La Costa de Fútbol y la incipiente institución merodeó en las últimas posiciones de la tabla pero, en esa época, nadie reprochaba nada.

Años más tarde, en la renovada vida política democrática, futbolísticamente, Defensores Unidos no encontraba el rumbo y seguía siendo un club más de los que competían para rellenar la tabla de posiciones y tenía un destino señalado: desaparecer, como lo habían hecho el CHIA, TACA, Centro Español y 9 de julio, entre otros, pero…

“Lo más importante de esos años fue mantenernos y crecer como Institución” sentenció Alfredo Iriart. La construcción de la sede era una realidad, con el aporte fundamental del Dr. Luis Pourtalé, en calle 36 y 10, pues el club aspiró para asentarse definitivamente en el ambiente deportivo, conseguir un título de liga.

Así fue que, en 1988, la plantilla dirigida por Raúl Vallejos, compuesta por mayoría de juveniles de la cantera del club, festejo en la cancha de Social Santa Teresita la victoria ante Social San Clemente y coronarse como el mejor de la Liga de Fútbol de La Costa por primera vez en su corta historia.

Como el Gobierno de Alfonsín, sin créditos y vacilante, la Liga de la Costa no corrió mejor suerte y tendió a dispersarse. Pues algunos equipos decidieron participar en la prestigiosa Liga de Fútbol Dolorense y otros en la Liga de Madariaga. El CADU optó jugar en tierras del Primer Pueblo Patrio y participó desde 1990 hasta 1994, año en el cual se vio involucrado en un problema dirigencial con los popes de Ever Ready, es decir, con la Liga de Dolores y entonces, las canchas de La Costa se volvieron a poblar con equipos locales en el prematuro Torneo Challenger.

Torneo que tuvo ocho equipos participantes y como adquisidor desde los 12 pasos a Defensores Unidos. Equipo, dirigido por Rubén Velásquez y en donde asomaron caras nuevas, como los hermanos Niggli, Diego Arce, Facundo Fernández, Ángel Baíz y Juan Moreno, entre otros. Después de seis años de sequía, esta base, supo colocar al CADU en lo más grande de la historia del fútbol costero, obteniendo 11 títulos de Liga en 10 años de competencia.

En la década menemista, el tricolor tocó la gloria como muchos aristócratas venidos a menos, pero con trabajo y humildad supo mantener la composición de sus logros y mantenerse ante la embestida socioeconómica que hizo tambalear hasta los cimientos de la misma Casa Rosada. Las cosechas deportivos continuaron y las instalaciones se hicieron realidad. El polideportivo se inauguró el 2 de mayo de 1999 y el gimnasio de 33 y 10, se fusionó con el desaparecido CHIA, ese mismo año.

Club Atlético Defensores Unidos, cuatro palabras que compuestas significan trabajo, solidaridad, progreso y humildad, supo cambiar durante estos 27 años, la calle de arena por la cancha profesional del polideportivo; transformando la sede transitoria (colectivo) de la calle 29 por la sede de la calle 36 y supo instalar en la sociedad la sigla CADU como modelo institucional.

Sin dudas, la columna vertebral de estos logros se formaría con Alfredo Iriart, Luis Pourtalé, Rodolfo Carrizo, Horacio Nembro y Jorge Fernández; pilares fundamentales de un equipo que aspiró y desea ser el meor, día a día.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La pasion hace de nosotros personas grandes y con sentido en nuestras vidas, es de admirar que cada dia un grupo con tanto en contra haya logrado mantenerse en pie.... esto es como algun dia me dijeron, que "los pueblos sobrevivientes fueron los mas atacados y oprimidos, porque la opresion crea la union, los pueblos destruidos fueron los que tenian mas abundancia". La union hace la fuerza y la fuerza es lo que les sobra.

Juanchi dijo...

Solo queda por decir que son muchos los aplausos que merecen estos personajes y que el cadu hoy esta vivo por ellos, por vos, por mi, por mi viejo, el tuyo, tu vieja, la mia y porque para nosotros el 19 de mayo no es un día más es el día de nacimiento de nuestro amigo-compañero del alma, el Defe. Feliz cumple!!! CADU de mi corazón.